Hoy en día expresar en voz alta lo comúnmente aceptado es de valientes. Porque no compensa y se pierde el tiempo, y no existen palabras apropiadas para decir lo de siempre. Uno/a hace lo imposible. Se necesita suerte para no pagar un precio mayor o menor, por ello.
Voltaire escribió en Diccionario filosófico que “la especie humana está hecha de tal manera que los que andan por camino trillado tiran piedras a los que enseñan uno nuevo".
No hace falta que se nos recuerde que las cosas que se cuidan no se tiran de repente, porque dudo que el tiempo pueda borrar el sentimiento de lo que pudo y no fue. Simplemente hay caminos que acaban porque sí. Intentamos resolver problemas de otros que no resolvemos para nosotros mismos, hasta que es muy tarde.
En este mundo es difícil ser un pasajero valiente y más difícil es vivir en medio, porque parece que se ha acabo ser de centros. La vida a veces te pone en la tesitura y se te obliga a posicionarte, es en lo único que unos y otros están de acuerdo. Tratar de disimular está mal. Aunque nunca digamos adiós.
En 1951, el psicólogo estadounidense Solomon Asch realizó una serie de experimentos que demostraron el poder de la conformidad en los grupos: un 37% de los participantes prefería sumarse a la respuesta mayoritaria, aunque lo percibieran como errónea.
Los estudios que han venido después han alcanzado la misma conclusión: la mayoría, por el mero hecho de serlo, influye en nuestras decisiones. Pesa en ello el miedo a la exclusión, al ridículo o a la indiferencia.
Expresar en voz alta una opinión que contradice lo comúnmente aceptado requiere de valentía.
Galileo contradijo a la iglesia al defender que la tierra giraba alrededor del sol. Los sufragistas conquistaron el voto de la mujer en una sociedad machista y patriarcal. Marcel Duchamp convirtió un urinario en una de las obras de arte más significativas del siglo XX. Estos hitos de la ciencia, de los derechos civiles y del arte, distanciados cronológicamente entre sí, tienen un denominador común: son impulsores que se atrevieron a llevar la contraria.

