miércoles, 7 de febrero de 2024

La soledad siempre fue el monstruo que vivía bajo mi cama

 Sentir de nuevo un pálpito incómodo que me persigue. Un cosquilleo que no me deja relajarme. Como si estuviera a la espera de algo que no logro vislumbrar con claridad, pero que es importante.

Con está impaciencia en el cuerpo, es extraño desear de repente algo que tanto he odiado.

Siempre me he apoyado en los demás como una necesidad vital para poder subsistir. Dejando de lado todo lo que yo era para convertirme en una extensión de esas personas, una prolongación de sus vidas. Eternamente dependiente. Complaciente. Una marioneta sin voz.


La soledad siempre fue el monstruo que vivía bajo mi cama, y huía de ella por caminos equivocados. Mi madre, mis hermanas, mis hermanos, mis sobrinos, mis ex-... 

Toda una vida tratando de ser la persona que ellos necesitaban, convencida de que así no me abandonarían, me querrían, me valorarían.

Y al huir de ese miedo he dibujado distintas versiones de mí: en la que no me reflejaba, en las que no me encontraba. Nunca me he permitido estar sola, cuando la soledad ha estado flotando en mi terreno desde siempre.

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